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Cantabros en el mundo


Un pueblo lo hacen no solamente los que viven en el, sino tambien los que por una u otra circunstancia se
ven obligados a dejar su tierra.A principios y aun mediado el siglo pasado,fueron muchos los cantabros,
que emigraron sobre todo a America con desigual fortuna.Despues fue Europa su destino y actualmente son
muchos los que ante la falta de perspectiva,su destino son otras capitales de España y aun del extranjero.
Todos tienen una cosa en comun,la añoranza de Cantabria y de regresar algun dia.Por eso en esta pagina
no queremos hacer distinciones entre los nacidos en Solares o no.Fuera de nuestra comunidad todos somos
cantabros sin distincion del pueblo que proceda.En esta pagina todos tienen cabida y estamos seguros de
que tienen mucho que contarnos,sus experiencias,su historia,sus alegrias y tristezas.Y nosotros,mucho
que aprender.

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La diáspora cántabra en el mundo

RAFAEL DOMÍNGUEZ MARTÍN/DIRECTOR DE LA CÁTEDRA DE COOPERACIÓN INTERNACIONAL Y CON IBEROAMÉRICA (UNIVERSIDAD DE CANTABRIA)

Cantabria ha sido históricamente una región de emigrantes. Todavía en la actualidad hay más de 19.000 inscritos como cántabros en el Censo Español de Residentes Ausentes y seguimos manteniendo una elevada cifra de emigración interna en los licenciados universitarios. Todos estos ciudadanos originarios de Cantabria constituyen una auténtica diáspora, esto es, una comunidad de personas desplazadas que sienten, mantienen e inventan o reviven una conexión con la región que les vio nacer. Como otras diásporas, la nuestra incluye su propia historia de dispersión, mitos y recuerdos del lugar de nacimiento, alienación en el país de acogida, deseo de retornar eventualmente, el apoyo constante al lugar de origen, y una identidad colectiva definida por ese tipo de relaciones.

Algunos economistas de la globalización, como Jagdish N. Bhagwati (Universidad de Columbia) mantienen que las diásporas son un importante activo para el crecimiento económico de los países o las regiones expulsoras de emigrantes, lo que se concreta históricamente en las remesas, la inversión a largo plazo, la transferencia de tecnología y know how, así como la dotación de factor empresarial y trabajo cualificado. Por otro lado, la literatura reciente considera que los motivos y el patrón de inversiones de la diáspora están guiados no sólo por los beneficios a corto, sino por consideraciones a largo plazo relacionadas con los motivos que llevaron a emigrar y que implican un compromiso con la formación de capital humano y el desarrollo económico en los países y las regiones de origen, lo que, en definitiva, llevará a limitar la emigración permanente.

El caso de Cantabria se adapta perfectamente a este modelo. Si la emigración de los más emprendedores fue una pérdida importante de capital humano, liderazgo transformador y creatividad, la diáspora contribuyó, en cambio, a la mejora general de los niveles de educación, de manera que Cantabria fue la región más alfabetizada de España a finales del XIX. Por otra parte, las remesas, el capital y la iniciativa empresarial de los emigrantes retornados compensaron, con resultado neto positivo, la pérdida de capital humano de los que se marcharon y que lo habían acumulado precisamente porque la emigración eleva el rendimiento esperado de la inversión en educación. Emigrantes retornados como Ramón Pelayo de la Torriente, marqués de Valdecilla, contribuyeron a la construcción de más de 50 escuelas, del Hospital que lleva su nombre y realizaron otras actuaciones que hoy se inscriben en lo que denominamos codesarrollo y responsabilidad social corporativa. Las infraestructuras para el desarrollo rural (traída de aguas, alumbrado público, escuelas), la consolidación de la pequeña propiedad y la redención de las aparcerías, clave de la modernización de un sector ganadero que fue puntero en España; fundaciones para enseñanza, beneficencia y atención médica creadas con el capital repatriado (con hitos como el colegio Salesianos, el Asilo de San Cándido, la Gota de Leche, la Obra San Martín, o el Hospital Santa Clotilde); el propio Banco Santander y el Mercantil al que absorbió; los ramales ferroviarios de Alar-Santander, Solares-Liérganes, Astillero-Ontaneda y las conexiones de vía estrecha con Asturias y Vizcaya; infinidad de sociedades mineras, empresas agroalimentarias, siderometalúrgicas (caso de Nueva Montaña), de productos químicos, hidroeléctricas, compañía navieras (la Compañía Trasatlántica o la naviera Ángel Pérez), aseguradoras, o instalaciones turísticas (balnearios de Alceda y Liérganes, el Hotel Real, el Teatro Coliseum), todo ello estuvo vinculado a las remesas, el capital y las inversiones de la diáspora.

Aunque ahora Cantabria se haya convertido en una región de inmigración, no debemos pasar por alto la importancia que la diáspora tiene para el desarrollo regional sostenible. Toda esa población residente fuera de Cantabria, que siente el orgullo de pertenencia a la Comunidad Autónoma y siempre que puede lo manifiesta, que está conectada a sus avatares -, que nos visita en sus vacaciones y sigue los partidos de esa marca regional que es el Racing, constituye un potencial de capital social que hay que estructurar. La idea no es nueva. Generoso Gómez Cañizo (1899-1985), uno de los protagonistas de nuestra diáspora en los dos destinos principales de la misma (Cuba y México) e impulsor infatigable de la Asociación Montañesa de este último país, propuso en 1950 «unificar en una sola organización a los montañeses del mundo». Hoy el Gobierno de Cantabria, mediante un convenio con la Cátedra de Cooperación Internacional y con Iberoamérica, pretende organizar la red de los cántabros en el mundo aprovechando las nuevas tecnologías.

La idea es que la región tiene que activar sus propios recursos para competir, lo que requiere proyectarse hacia fuera, porque si no lo hace perderá la identidad que desea preservar y acabará por ser subsumida en otro sistema urbano regional más poderoso. En este proceso de internacionalización las redes sociales informales, que sirven para convertir el capital humano en capital social, son la clave de la competitividad de un territorio que deja de ser concebido como un espacio físico limitado por barreras geográficas, para convertirse en un espacio virtual y relacional (plano a la manera de Thomas L. Friedman) en donde las nuevas tecnologías permiten ensancharlo tanto como se extienda la red de su capital social.

Los teóricos de la nueva economía regional y urbana ponen de relieve la importancia del capital social (densidad de redes y asociaciones) para la ventaja competitiva de la economía regional.

Como el capital social, a diferencia del capital físico, no se desgasta con el uso sino con el desuso, el sector público (vale decir, el gobierno de una región) tiene un papel muy importante de liderazgo en la movilización de ese recurso que influye decisivamente en el proceso de innovación, mediante la reducción de costes de transacción e información acerca de la transmisión de conocimiento sobre la tecnología y los mercados, y mediante efectos demostración que promueven la nueva economía, la meritocracia, la responsabilidad social y el desarrollo sostenible.


domingur@unican.es